ROOSTIQ

Las fechas de Navidad las aprovechamos, entre otras cosas, para reencontrarnos con los viejos amigos en torno a una mesa, para intercambiar lotería y, sobre todo, para mantener ese espíritu de paz, cariño y nostalgia que se respira en días tan entrañables. Madrid es una ciudad acostumbrada a celebrar por todo lo alto la Navidad, sus calles se encienden a finales de Noviembre, la Plaza Mayor se convierte en un mercadillo monumental y los lugares más típicos de la ciudad se llenan de grupos de amigos que van de bar en bar, de taberna en taberna, brindando por el futuro e inundándolo todo de alegría y buen humor. Yo pertenezco a una pandilla llamada LONG-PLAY, formada por algunos de los asíduos de aquella discoteca mítica de la plaza Vázquez de Mella en la que vivimos los años más divertidos de nuestras vidas. Este último diciembre fueron CHEMA SUÁREZ Y EDUARDOS GUERVÓS mis compañeros de comilona y regresamos a aquella zona madrileña tan llena de recuerdos, para revivir los buenos momento de Long-Play y celebrar por todo lo alto la llegada de un nueva Navidad. Esta vez le correspondió a Chema elegir el restaurante para nuestra comida y fue para todos un auténtico descubrimiento gastronómico.

 

ROOSTIQ, que así se llama el lugar elegido, está ubicado en el Madrid castizo de Augusto Figueroa. En cuanto entras, la modernidad y el estilo del restaurante te atraen y te conquistan. Chema me insistió mucho en que el propietario del negocio, ANTONIO ALVAREZ, es un sibarita y todos los productos de la carta proceden de una finca familiar que tiene en Palazuelo, en la provincia de Avila, y que cuida con todo mimo y cariño. Empezamos con unas anchoas realmente imperiales. No podían faltar los torreznos, especialidad de la casa, distintos a todos los torreznos que había probado hasta ahora. Los lomos de sardina marinados con un bocado muy apetecible y muy logrado de sabor y textura. Tengo que destacar también un plato excelso, las espinacas y rúcula a la brasa con huevo frito, una auténtica locura. Luego, como plato fuerte, yo me decidí por un pollo de la abuela, que estaba de muerte, es el mejor pollo que he comido en muchos años. Y he comido bastantes. Ellos eligieron vaca guikar a la parrilla de carbón de encina y rodaballo a la brasa, y todavía se están chupando los dedos. Me han contado que una de sus especialidades son las pizzas y lo comprobamos probando un trocito de una de ellas, que estaba realmente bien. Otro de sus platos estrella, que queda para mejor ocasión, es la cecina de buey de Avila y, por supuesto, algunos otros platos, que conforman una carta muy completa y muy apetitosa. Se nota que cuidan mucho la materia prima. Si pasas por ese Madrid castizo de Augusto Figueroa, pásate por ROOSTIQ y date un banquete de calidad y buen sabor. Y vete de mi parte, para que sepan que ya está entre mis lugares favoritos.

ROOSTIQ

Calle AUGUSTO FIGUEROA 47

28004 – MADRID

TFNO- 918 53 24 34

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